martes, 2 de octubre de 2012

Que estoy malita.

No quiero ni imaginar en quién piensas antes de quedarte dormido porque estoy segura de que pensamos en lo mismo, en la misma. 

Duermo sin sábanas cuando las moradas están sucias porque las rojas me recuerdan a primeras veces, a invierno, a libros que ahora viven en la despensa, a la única vela que hay en esta casa. 

Duermo sin sábanas, y de madrugada el colchón desnudo me despierta y no me dice nada, evita mirarme a los ojos y, frío, me acoge en una esquina. Esta vez sin manos, ni piernas, ni espaldas bonitas.

Que ya no hay versos, ni prosa, y quién sabe si la hubo alguna vez. No había nombres propios.

Que ya no voy en bus, voy en tranvía. Es mucho más impersonal, quiero anonimato. Que hoy tengo la cabeza, el corazón, en otra parte. Que el tiempo no pasa por mí.

Que por no querer, ya ni con las rodillas. Y mira que son una parte importante de querer.

Que por no querer, ni hablo.


Que estoy malita. No me hagáis caso.


julia

5 comentarios:

Candela Supertramp dijo...

Si duermes sin sábanas con estos fríos polares y aún encima en tu casa siberiana, normal que estés malita.

Besos madrileños.

Gonzalivsky dijo...

Genial.

Anónimo dijo...

Chica guapa. :)

Srta. Pasión. dijo...

Ponte buena, Jul. Te mando sopita desde aquí, y muchos besos.

Elly dijo...

Cuando alguien se siente enfermo, lo que hay que solucionar es el foco de su infección: hay que tratarlo o extirparlo dependiendo del virus que sea.

Muy buen relato ;)