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domingo, 4 de mayo de 2014

Sucede

Sucede que mañana es lunes. Pero la verdad es que no es un lunes cualquiera: es el primer lunes de mayo.
El primer domingo de mayo tiene su encanto porque es el día de la madre. El primer lunes de mayo, y mira que dista tan poco entre uno y otro, carece de todo encanto: es el comienzo del final.

Uno nunca sabe cómo van a ser los finales. Los hay alegres, tristes, esperados, pausados. Los hay para todos los gustos y eso que nunca llueve a gusto de todos. Sucede con los lunes que son un tipo de principio de final que no suele gustar a casi nadie. Sucede con los lunes que a medida que nos adentramos en ellos vamos construyendo, piedra a piedra, el muro de un túnel que ha quedado obsoleto y debe ser clausurado.

Una vez acaba el lunes sucede que llega el martes y éste, al no ser el primer día de trabajo, resulta menos pesado: ya no duelen las rodillas al agacharse a coger las piedras ni quema la piel bajo el sol.

Sucede, por otra parte, que cabe la ilusoria posibilidad de que nunca llegue el lunes. Tal vez podríamos prolongar un poco el día y posponer indefinidamente ese comienzo del final que nos espera ansioso en la siguiente hoja de la agenda.

Pero seamos realistas. Cuando me vaya a dormir el lunes estará todavía más cerca que ahora. El principio del fin. 
Tal vez sea un lunes de noticias en buzones, como las que recibió la mujer:

«He perdido el camino, hoy no llego a cenar»

domingo, 2 de febrero de 2014

De mi soporte de cartas o los adioses.

Hoy ha muerto mi soporte de cartas.

La verdad es que llevaba forzándolo demasiado tiempo, rebosaba postales, y al final hoy ha explotado.

Un poco como todos.

Ahí guardaba todas las postales que me envían (y que no están en las paredes). También las compradas, las regaladas y las robadas. Las que eran para mí y postales en blanco. Algunas cartas manuscritas, una mecanografiada. Postales que encontré en mi buzón, otras que pasaron por debajo de la puerta, algunas que encontré en el fondo de un bolso por sorpresa.

Postales que venían en sobre y con remite, otras que venían sin, algunas con sellos del extranjero, un par repetidas. De obras de arte, de ciudades costeras, montajes con gatitos, fotos de peluches, panorámicas de quién sabe qué playa o qué montaña, ciudades de noche, ciudades de día. Postales de cumpleaños y de navidad, pequeñas, grandes, escritas o en blanco, maltrechas, cuidadas, en blanco y negro, a todo color, en relieve.

Postales de París.

Postales con animales.

Postales de Magritte.

Postales de publicidad.

Postales escritas en italiano.

Postales de Madrid.

Postales anónimas.

Postales que desearía no volver a encontrar.

Postales que leería cada noche.

Postales esperadas.

Desesperadas.

Postales que compré

escribí

sellé

y nunca envié.

Postales que vivieron en mi pared

y de ahí pasaron a un cajón

y del cajón a una caja de difícil acceso olvidada en la despensa.

Hoy ha muerto mi soporte de postales y no sé si me alegra o me entristece más.
En parte, porque son recuerdos de vosotros. En parte, porque algunos ya no me recordáis a mí.
Porque todas las postales dicen "hola"
pero ninguna se atreve a decir "adiós".


jueves, 2 de enero de 2014

Del primer horóscopo del año.

Libra: nunca es un mal momento para sorprender a alguien visitando un sitio nuevo.

«Suenas como un horóscopo y sabes a café bueno», me dice. Claro que sí, desde luego que sí. Soy tu primer horóscopo de 2014, tu primera profecía y espero que tu primer plan.

Visitemos un sitio nuevo, nuevo para los dos. Celebremos otro aniversario ficticio en un mes cualquiera. Con bufandas y guantes y cremalleras cerradas. Vámonos a Biarritz, estoy harta de ver en fotos esa playa tan azul. Vamos. Metamos los pies en el agua con los calcetines en la mano y los pantalones remangados. Hazme una foto sonriendo y con los ojos entrecerrados y el pelo revuelto y las mejillas rojas. Vamos al acuario a mediodía y a ver la ciudad de noche y a volver borrachos al hotel más barato y dormir hasta tarde para no tener resaca y volver al acuario a comer un bocadillo entre peces y medusas y caballitos de mar y tiburones. 
Una noche te dejaré ir al Casino y que me invites a una copa de al menos 15€ y, con lo que ganes, me comprarás una pulsera que no me quitaré mientras vivamos.