Hay algo que va mal porque noto un dolor aquí abajo, donde se esconde la pena, un dolor que me tira hacia abajo y me hace querer estar agachada, muy quietecita. Sé que algo va mal porque hoy te he soñado con la forma que solías tener antes y no puedo, no quiero pensar la forma que tendrás hoy que es día 28, hoy que tendríamos que estar juntos bajo el pórtico, levantándonos y arrodillándonos al ritmo de los demás. Hoy, amor, mi elefante, quisiera saber dónde te has ocultado todo este tiempo y quisiera que hubieses venido a buscarme. Hoy miro el vestido que sigue colgado en la percha rosa y que quién sabe cuándo tendré la oportunidad o el valor de ponerme, a qué celebración seré invitada que merezca la pena, cuándo llegará el momento de sacar el vestido coral de su funda y de recogerme el pelo, si es que llegará algún día.
He comprobado firmemente, sí, que existe la maldición del vestido. Que el anticipo en la compra pone fin a aquello que esté en marcha como si fuera un mal presagio o un mal augurio o el ojo opaco de un pescado. He comprobado, desde luego, que la frivolidad se extiende cada mañana que paso sola en esta cama e intento volver a dormir aunque sé que si duermo más voy a tener pesadillas y sueño que vuelves y me despierto sin saber qué es verdad y qué es sólo sueño y debo mirar la pizarra de detrás de la puerta para estar segura.
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sábado, 28 de junio de 2014
jueves, 15 de mayo de 2014
El monstruo.
Llevo todo el día intentando evitarlo pero cuando tendiendo la ropa la toalla morada ha salido volando, el dique se ha roto, yo me he roto, mi cara ha enrojecido y todos hemos callado y mirado al suelo.
Hacía ya tiempo que no me pasaba esto. Una semana, para ser exactos. Es bastante tiempo si lo miras desde donde yo lo miro.
Intento rodear, despacito y de puntillas, el enorme abismo que dejaste en mi cama. Camino silenciosa, mordiéndome el labio inferior, con miedo de que despierte el enorme monstruo que habita en él, que eres tú, que duerme.
Qué horrible sitio para estar hoy es mi casa.
Qué horrible sitio.
Hacía ya tiempo que no me pasaba esto. Una semana, para ser exactos. Es bastante tiempo si lo miras desde donde yo lo miro.
Intento rodear, despacito y de puntillas, el enorme abismo que dejaste en mi cama. Camino silenciosa, mordiéndome el labio inferior, con miedo de que despierte el enorme monstruo que habita en él, que eres tú, que duerme.
Qué horrible sitio para estar hoy es mi casa.
Qué horrible sitio.
martes, 1 de abril de 2014
El sueño.
Sé que ya no estás porque el sol me pega en la cara y me ciega. Me ciega y los ojos me arden y lloran y yo te busco a ciegas. Te busco a ciegas y no te encuentro; te grito y no contestas, o contestas en susurros pidiendo calma. Pero los susurros se alejan y yo no puedo moverme porque tú me has atado aquí, porque te alejas sin dejarme avanzar hacia ti. Tú no me buscas y me apartas, pero tampoco me dejas irme. Solo me acercas y me alejas a tu voluntad, haciéndome maleable, haciéndome débil, dejándome sola. Te busco y te grito que vuelvas y tú entre risas me dices que nunca te has ido, que sigues a mi lado, pero no estás, no estás, te grito y solo te alejas, lloro, suplico y tú no estás, me dejas, te vas sin dejarme ir, dejándome al cuidado de tu recuerdo, echándome las sobras, riéndote, enfadándote, apartándome de ti, haciéndome suplicar, gritando, llorando...
Me despierto entre lágrimas y tampoco estás aquí. Son las tres y no estás. La dormidina juega conmigo como tú y me deja de lado.
Son las siete y no estás, empieza a salir el sol y debajo de la cama guardo una caja con todas tus cosas.
Me despierto entre lágrimas y tampoco estás aquí. Son las tres y no estás. La dormidina juega conmigo como tú y me deja de lado.
Son las siete y no estás, empieza a salir el sol y debajo de la cama guardo una caja con todas tus cosas.
viernes, 28 de marzo de 2014
El día que
El día que te eché de menos recordé cómo cocinabas para mí. Cómo echabas sal cuando yo no miraba y cómo subías y bajabas continuamente el fuego, intentando encontrar ese punto medio para el que no tenías paciencia. Te recordé y vinieron a mí sábanas cambiadas entre dos, sábados de sofá compartido, mantas pequeñas para cuerpos grandes, cuerpos juntos. Eché de menos tus manos y tus mejillas rojas por el frío, tu pelo limpio, tu nariz. Cómo escuchaba historias de tus amigos, de viajes, de adioses. Eché de menos que te abrieses y dijeses con cuidado lo que no quería, pero necesitaba oír. Eché de menos tu cuidado, sobre todo. Tu mimo, tus brazos largos, tus hombros suaves, el vello de tu nuca. Los zapatos que me hacían tropezar. Eché de menos rosas, amigos, risas, sueños. Las primeras películas, los primeros portales, las escaleras, los ascensores. El miedo bueno del principio, nada del final. Eché de menos tus besos cuando me dolía la tripita, como ahora. Tus manos grandes...
sábado, 16 de noviembre de 2013
Existir sin nadie
Qué difícil existir sin nadie en estas tardes que saben a Couldina y a tarta de queso. Qué difícil, porque lo mínimo sería compartirlas un poquito -y no solo la tarta- y dejarse amar para dejarse de mantas de sofá.
Qué difícil es existir sin nadie no solo esta tarde, sino todas las que se le parecen, las que huelen un poco a domingo pero ni siquiera lo son. Son sábados apátridas de dolor de cabeza, mejillas rojas, de libros demasiado lentos que no me sacan de este día.
Qué difícil existir sin nadie cuando el techo se va acercando a ti poco a poco y te oprime el pecho y te hace hipar y parece que te dice "¿pero qué te creías?".
Y realmente no sabes, no. Pero qué difícil es existir así.
Qué difícil es existir sin nadie no solo esta tarde, sino todas las que se le parecen, las que huelen un poco a domingo pero ni siquiera lo son. Son sábados apátridas de dolor de cabeza, mejillas rojas, de libros demasiado lentos que no me sacan de este día.
Qué difícil existir sin nadie cuando el techo se va acercando a ti poco a poco y te oprime el pecho y te hace hipar y parece que te dice "¿pero qué te creías?".
Y realmente no sabes, no. Pero qué difícil es existir así.
viernes, 18 de enero de 2013
Se los comió la tristeza.
Eres todas y cada una de mis perforaciones enrojecidas. Eres, también, cada braguita que recojo del suelo.
El charquito de café que se forma en la encimera por las mañanas. Mi dolor de hombros cuando duermo de lado. La tinta del bolígrafo de gel negro que traspasa todas las hojas de mis apuntes. Las líneas que garabateo si me vuelvo débil. El cerrojo de un baño público.
Eres, y tienes suerte, las primeras líneas de los libros que me compro ya de noche en el Corte Inglés. No serás también las últimas, espero.
Cada vez que nos pasa creo que es la primera y juro que será la última. No lo creía. Me has convertido en una experta en negar la evidencia.
Por cierto, se dice, se comenta, que ya no quedan bombones.
Se los comió la tristeza.
El charquito de café que se forma en la encimera por las mañanas. Mi dolor de hombros cuando duermo de lado. La tinta del bolígrafo de gel negro que traspasa todas las hojas de mis apuntes. Las líneas que garabateo si me vuelvo débil. El cerrojo de un baño público.
Eres, y tienes suerte, las primeras líneas de los libros que me compro ya de noche en el Corte Inglés. No serás también las últimas, espero.
Cada vez que nos pasa creo que es la primera y juro que será la última. No lo creía. Me has convertido en una experta en negar la evidencia.
Por cierto, se dice, se comenta, que ya no quedan bombones.
Se los comió la tristeza.
jueves, 3 de enero de 2013
fiebre
¿Tengo fiebre?
¿Esto es lo que se siente cuando tienes fiebre? Ya no me acuerdo. Me arde la cara, mucho, y los ojos, como cuando mamá picaba cebolla. ¿Es fiebre? Nunca he entendido muy bien estas cosas. Tengo calor. No sé. ¿Es la calefacción? Fuera hace frío, me gustaría pegar la cara contra el cristal y que se enfriase. Tengo sueño, pero estoy nerviosa. ¿Qué va a pasar? No me gusta la incertidumbre ni el silencio ni nada. Creo que alguien me ha cambiado el sitio, yo antes no estaba aquí. Antes era al revés, yo estaba arriba y yo movía los hilos y probablemente era yo quien sonreía cuando solo quería decir oh, venga, cállate ya, ¿es que no te das cuenta?. Ahora creo que soy yo la que no se da cuenta. ¿Cuenta de qué? No es mi momento. No entiendo, no, no entiendo. Ahora tengo frío. Será fiebre ¿no? No sé. Me voy a la cama. Mañana... Ya mañana veré.
miércoles, 19 de diciembre de 2012
De lo que nunca debió ser escrito.
Viernes 14.
Y no te duele.
Aunque sabes que es tu momento y tu inutilidad hará que pase. Sabes de lo que hablo cuando giro la esquina cada dos fines de semana y paso de largo sin mirar ahí donde me senté la primera vez que hablamos por teléfono y me preguntaste qué tal, y donde planeamos un futuro que ya no quiero, donde me dijiste que vendrías y nunca más te vi.
Porque un día una aprende que los besos no son contratos y que lo verbal e implícito no tiene cabida en ti. Que ya no es por ti.
lunes, 29 de octubre de 2012
Todos los finales son iguales.
No me gustan los finales. No me gusta ir dejando cosas atrás. Prefiero mil veces que todo muera lentamente en el olvido a ponerle un punto y final. Recordar la fecha exacta en la que algo se acabó y que esa fecha se repita puntualmente cada 365 días es un obstáculo que no estoy dispuesta a pasar. ¿Cuánto puede durar la angustia por que vuelva a ser mañana? ¿Durante cuántos años creerás haberlo olvidado hasta que vuelva a aparecer en forma de lunes, o martes, o de cualquier otro día?
Y es que ya lo dicen. Todos los finales son iguales. (...) Y cuando algo acaba... por ejemplo, el amor... acaba igual para los reyes que para un simple peón.
Los finales tienen un matiz trágico, siempre trágico, que los coloca en la categoría de tales. Si algo no estalla, si no hay conflicto, si no hay algo que se rompe... tal vez no se trate de un final.
Por eso, cuando algo acaba por su propio pie, sin hacer ruido, sin platos rotos ni gritos, cuando algo tiene un final que no parece tal, cuando queda suspendido en el limbo de lo inacabado... Nos parece una bonita manera de dejar atrás las cosas. Como... un final edulcorado o un intermedio. Como una pequeña pausa o un "te llamo mañana".
Y al mismo tiempo, en mi casa... el aire olía a gastado... a crónico... a insoportable.
jul
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Panic, Alfonso Vallejo
jueves, 18 de octubre de 2012
El día que me corté la rasta.
Es como el final de una película, de una película triste y estúpida. Es ese momento en el que alguien ha hecho algo, ha tomado una decisión, la llevado a cabo una serie de actos que lo han cambiado todo y... ya no hay nada. En la escena saldría una chica (porque yo soy una chica) un poco de perfil (desde la izquierda, por favor, que es el lado bueno) y el sol le daría en la cara. Caería alguna lagrimilla, de las que brillan en las pelis y tal, pero no tendría la cara roja de llorar. Sonreiría. Y cuando alguien le preguntase "Y ahora... ¿Qué vas a hacer?" queriendo preguntar en realidad "Y ahora que te has separado/se ha muerto/estás sola/se ha ido/TODO HA ACABADO y tú estás jodida pero calmada porque ya ha pasado la tormenta... ¿Qué vas a hacer?" ella contestaría "...No lo sé" y sonreiría, le caería una lágrima de esas que brillan y seguiría caminando bajo un cielo muy azul. Y fin. Nos iremos a casa pensando que ha pasado lo peor, que ya está todo en orden, que solo le queda... Nada, no le queda nada, construirse otra vida, que se dice pronto. Pero, eh, que la cara no se le pone roja cuando llora, sus lágrimas brillan al sol y todo parece fantástico y optimista. Pero la justificaríamos, claro. Porque no podía vivir así, no era justo, se tenía que acabar, fue en defensa propia... Lo que sea. Tenía que romper con eso. Tenía que hacerlo. Le sobran los motivos.
Es como... Hacerte la cera tú misma. Duele. Es necesario. Rompes con algo que forma parte de ti. En ese caso, pelos.
En mi caso, una rasta.
Se acabó. Porque hay cosas con las que hay que cortar. Y evolucionar, y esas cosas. Como con las rastas.
¿Y ahora qué hago yo sin mi rasta?
lunes, 8 de octubre de 2012
El día de P.
M. perdió a su marido. Cuando L. dio a luz, M. no pudo felicitarle porque estaba triste: acababa de perder a su marido.
En realidad, no era su marido. No llegaron a casarse. De hecho, cuando P. murió ya ni siquiera eran pareja. Pero para M., P. era, había sido su marido. Sus hijas habían sido también hijas de ella sin serlo; la casa de Boltaña era, más allá de lo que dijesen las escrituras, de los dos; las vacas que habían cuidado juntos durante tantos años se quedaban ahora huérfanas por partida doble.
P. estaba enfermo y M. prefirió no decir nada. L. no lo sabía ni supo qué decirle cuando se enteró. M. se excusó: "me enteré, pero no pude llamarte. Estaba triste." y a L. le pareció suficiente, más que suficiente, y pensó en ello antes de echarse a llorar cuando se rompió la cremallera de la bolsa de los pañales al intentar cerrarla estando demasiado llena.
Me acuerdo de camisetas a rayas y pendientes de perla y calefacciones que se encienden por primera vez, pero pienso en P., en el que era P. en realidad y, joder, cómo estar triste por algo que no sea eso.
He dicho.
martes, 2 de octubre de 2012
Que estoy malita.
No quiero ni imaginar en quién piensas antes de quedarte dormido porque estoy segura de que pensamos en lo mismo, en la misma.
Duermo sin sábanas cuando las moradas están sucias porque las rojas me recuerdan a primeras veces, a invierno, a libros que ahora viven en la despensa, a la única vela que hay en esta casa.
Duermo sin sábanas, y de madrugada el colchón desnudo me despierta y no me dice nada, evita mirarme a los ojos y, frío, me acoge en una esquina. Esta vez sin manos, ni piernas, ni espaldas bonitas.
Que ya no hay versos, ni prosa, y quién sabe si la hubo alguna vez. No había nombres propios.
Que ya no voy en bus, voy en tranvía. Es mucho más impersonal, quiero anonimato. Que hoy tengo la cabeza, el corazón, en otra parte. Que el tiempo no pasa por mí.
Que por no querer, ya ni con las rodillas. Y mira que son una parte importante de querer.
Que por no querer, ni hablo.
Que estoy malita. No me hagáis caso.
julia
Duermo sin sábanas cuando las moradas están sucias porque las rojas me recuerdan a primeras veces, a invierno, a libros que ahora viven en la despensa, a la única vela que hay en esta casa.
Duermo sin sábanas, y de madrugada el colchón desnudo me despierta y no me dice nada, evita mirarme a los ojos y, frío, me acoge en una esquina. Esta vez sin manos, ni piernas, ni espaldas bonitas.
Que ya no hay versos, ni prosa, y quién sabe si la hubo alguna vez. No había nombres propios.
Que ya no voy en bus, voy en tranvía. Es mucho más impersonal, quiero anonimato. Que hoy tengo la cabeza, el corazón, en otra parte. Que el tiempo no pasa por mí.
Que por no querer, ya ni con las rodillas. Y mira que son una parte importante de querer.
Que por no querer, ni hablo.
Que estoy malita. No me hagáis caso.
julia
sábado, 22 de septiembre de 2012
De como no escribir en un blog.
Si hay algo injusto en la vida, es el amor no correspondido. Lo siento, permitidme ser muy muy frívola esta noche, lo merezco.
Si hay algo que de verdad, de verdad odio, es la falta de equidad. Y no se puede luchar ¿o sí? contra ella. No hablo de una equidad global, de justicia kármica ni de que se acabe el hambre en el mundo, de los recursos mal repartidos, de gente que vive con un euro al día ni de las personas que nacen con dientes perfectos en una familia estructurada que se regala bufandas tejidas a mano por navidad. Hablo de esa que nos toca tan de cerca, de la falta de correspondencia. De querer, o no, a quien te quiere, por ejemplo. Juegues en el lado que juegues.
Tengo un gato en el regazo que me recuerda que aun hay cosas que están bien. A veces sube, camina por el teclado y frota su naricita rosa contra la ya muy sucia pantalla de mi portátil.
Tuve un amago de recaída. Quedó en el susto. Una corriente de aire cerró de golpe la puerta de enero y el estruendo fue tal que creo que todavía estoy asustada.
Septiembre es el mes de las fechas, los aniversarios, los inicios y los finales. Que se acabe. Que se acabe ya.
miércoles, 25 de julio de 2012
Duele.
No aprendo a guardar ibuprofeno en el cajón de la mesilla, pero guardo una linterna por si por primera vez en 10 meses empiezo a temer al monstruo que vive debajo de mi cama, por eso interrogo a mis virtudes cada madrugada, cuando me debato entre el sueño y la cama, el vaso de agua, el balcón, yendo descalza, y el murmullo de mis vecinos cuando vuelven de fiesta.
Por eso, porque hoy Zaragoza me ha vomitado encima pero no tengo a dónde ir, ni ropa limpia que ponerme, ni una ducha que arrastre por el desagüe todo lo que llevo encima. Porque se iría un montón de agua negra como cuando me teñía el pelo y hace muchos, muchos meses que dejé de hacerlo.
Por eso, porque hoy Zaragoza me ha vomitado encima pero no tengo a dónde ir, ni ropa limpia que ponerme, ni una ducha que arrastre por el desagüe todo lo que llevo encima. Porque se iría un montón de agua negra como cuando me teñía el pelo y hace muchos, muchos meses que dejé de hacerlo.
lunes, 9 de julio de 2012
Carrie
-...Por eso he venido a decirte cuanto lo siento. Siento muchisimo lo que hice, estuvo mal y lo siento.-¿Has terminado?-Si, gracias por escuchar.-Espera. Yo también lo siento. Siento lo que ha pasado. Siento que se fuera a París y se enamorara de mi. Siento que llegaramos a casarnos. Siento que me engañara contigo y siento haber fingido durante tanto tiempo que no tenía ni idea. Siento haberte encontrado en mi casa y que me cayera por las escaleras. Y siento muchísimo que tras dolorosas intervenciones este diente siga teniendo distinto color que éste. Y para terminar, siento que hayas tenido la necesidad de venir a hablar conmigo. Ahora no solo has arruinado mi matrimonio, sino también la comida. Eso era lo que te quería decir.
Sexo en Nueva York (temporada 3-capítulo 17)
En otoño ya será distinto.
julia.
martes, 3 de julio de 2012
Estático.
La ventana está abierta y la cortina sigue quieta. La cortina, ligera como una pluma, está quieta. Lo observa con la cabeza apoyada en la almohada llena de rimmel y sudor. Con los pies tira la sábana al suelo y la cortina sigue quieta. La luz apagada, la puerta abierta y la cortina, quieta. Lo más leve, lo más ligero, lo más ingrávido, sigue quieto. Al parpadear una pestaña se desprende y vuelva por la habitación, pero la cortina sigue quieta. ¿Cómo va a moverse nada si ni siquiera algo tan ligero se mueve?
julia
sábado, 23 de junio de 2012
Estas ganas de nada, menos de ti, o el verano de 2012
Se acaba algo y te deja a medias, con ganas de más. Se acaba y te deja vacía, incompleta, flotante. Demostrándote que las cosas pasan y ya está, y que pase lo que pase tú te vas a quedar igual: quieta, expectante, desilusionada. Las cosas llegan, pasan y se acaban. ¿Y después? Después nada. Después el verano.
Acaba el curso, el primero de universidad, y ¿qué te queda? A mi un montón de apuntes, libros, notas. Carpetas desparramadas por toda la casa, unos cuantos conocimientos valiosos, mucho que eliminar de mi cabeza para hacer espacio para más y un protoviaje a Soria.
Tampoco está mal, ¿no? Finales más trágicos se habrán visto.
Se acaba el curso. Ya se ha acabado, de hecho. Y por primera vez en mucho mucho tiempo (igual 18 años y medio) tengo un montón de planes. Relativamente sólidos, relativamente factibles. Un verano en el que apenas tendré tiempo para estar en el pueblo (filólogos, os acordáis de lo que decía Beltrán sobre el idilio moderno? No puedo estar más de acuerdo. Y si vosotros no renegáis del pueblo y de parecerse a los padres, a los abuelos y a los fundadores de la nación en última instancia, es que no habéis pisado mi pueblo), ahí donde ves Sexo en Nueva York mientras agonizas de calor en el sofá y te comes los cruasanes de tres en tres. Eso me llena de alegría.
Este verano me voy a Soria, haré el curso de monitor de tiempo libre en Zaragoza, me iré a la montaña con unas personitas maravillosas y veré al niño de la hipoteca, playearé en Cartagena y en Tarragona, iré al Arenal Sound e intentaré sobrevivir, haré un curso de teatro en Cádiz y probablemente estudiaré ILHENT por obra y gracia del señor profesor.
Tengo el verano más lleno que jamás se haya visto y soy la persona más vacía que hayáis podido ver, también. ¿Sabéis los ricos alienados de las películas? Si, esos que hacen millones de cosas y al final solo encuentran la felicidad cuando encuentran el amor en un retiro espiritual... Pues yo soy como esos. Pero sin el dinero, ni los hamptons, ni los zapatos caros, ni los jets privados.
Y es que no tengo ganas de nada, menos de ti. O en todo caso, mis ganas son muy leves.
Pero ya es verano. Ya es día 23 de junio. Ya he piscineado y ya tengo la marca del bikini.
Ahora, que yo soy más de invierno.
julia
miércoles, 6 de junio de 2012
c'est fini!
Hoy Jasimón se ha despedido de nosotros y a mi me ha dado una pena loca, de la de torcer el morro y arrugar los dedos de los pies. Hoy es el último día de clase y Jasimón se ha encargado de recordárnoslo como no lo hizo Beltrán ni la de latín ni lo hará el pardo de ILHENT. Jasimón nos ha pedido perdón y nos ha dicho que se lo ha pasado muy bien. Ha sido un poco como en el cole: yo también voy a echar de menos a Jasimón. Echaré de menos las interminables tardes en la primera fila del aula 502 de interfacultades con Helena, Yaiza, Bea y Alicia. Echaré de menos a Jasimón porque a Pherpa y a Fucking Poet ya los estoy echando de menos. Echaré de menos FYL, los miércoles y el grupo de teatro. Echaré de menos pasear por Zaragoza y hacer turismo por las bibliotecas, pero eso ya es otra historia y ya lo echo de menos. Y habrá que ir dejándolo. Echaré de menos a la parda que se va a vivir su sueño a Madrid, y la lloraré desde mi casa de la Madalena, pero la querré mucho y la entenderé porque va a hacer lo que tiene que hacer, lo que yo ya he hecho y me ha salido rana. Supongo que cuando a esa parda las cosas le vayan un poco menos bonitas de lo normal se acuerde de lo mucho que le he llorado yo este año y de lo feliz que soy ahora. Feliz o calmada, quémásdasinoimporta. Yo también echaré de menos al chico de los suaves, a todos los chicos de los suaves y mi blog ya parece un metroflog. No se puede tener impulsos. No se puede bloggear desde clase de ILHENT y desde un ordenador que no es el mio. No se puede. No echaré de menos las clases de ILHENT porque no me gustan y porque no me dará tiempo: estaré estudiándolo este verano y el año que viene probablemente volveré a tener ILHENT y nunca me darán la I de FI porque suspenderé ILHENT y lloraré en un baño y seré de esa gente que jamás aprobará una asignatura de la carrera y será una priguels toda su vida. Si tengo que serlo, quiero dedicar mi vida de no-filóloga a vender bebidas alcohólicas a entrañables alcohólicos detrás de un cristal antibalas en un pueblo de Castilla. Los pueblos de Castilla equivalen a los barrios marginales de Nueva York, de eso estoy segura.
Veis por qué no se puede escribir así?
Me voy a llorar a un baño de inter. Cosas peores se habrán visto.
No me lo tengáis en cuenta.
Veis por qué no se puede escribir así?
Me voy a llorar a un baño de inter. Cosas peores se habrán visto.
No me lo tengáis en cuenta.
domingo, 13 de mayo de 2012
Nada de intrusos en el paraíso.
Je suis le gardien
du sommeil de ses nuits
Desde lo alto del muslo izquierdo me susura un "sigo aquí, no me olvides" que me quita las ganas de vivir y la vida entera, y muero por ti, que je l'aime a mourir. Así, en francés, no en inglés. No soy moderna, soy romántica, de las que llevan un vestido que deja asomar un pequeño error del tamaño de la cabeza de un tornillo y que habla, que me dice "sigo aquí, no me olvides" y que me hace tirarme de la falda y cruzarme de piernas, ahogarlo entre ellas como hice ya tantas veces.
Hay personas que son muchas, y por eso mi cama es grande aunque esté vacía y una almohada paralela a mi llena ese vacío. Y tu sofá, de uno y justo: nada de intrusos en el paraíso. Ancha de corazón, y demasiado, somos ¿fuimos? tres, cuatro, cinco. Innecesarios, maravillosos, justos, simultáneos.
Llevo vestido, precioso, además. De romántica. ¿Lo soy? Hace tiempo que olvidé qué era y qué no. ¿Me lo quitas? No, déjalo. Ahora, despacio. Poco a poco. Ahora si, hay todo el tiempo del mundo.
Y, escapista como sabe ser, como sabe que debe, va desapareciendo poco a poco y el color morado es cada vez más claro, y luego amarillo, y luego desaparece, escapa, huye. Fiel o infiel, qué más da. Incumpliendo su primera promesa ya puesta por escrito, negro sobre blanco, impreso en arial 12 en un martes 13. La primera, las demás. Y eso si, qué más da.
julia.
viernes, 11 de mayo de 2012
se acabó el tesoro pintado de rojo.
En uno de esos días rojos, que son horribles: uno tiene miedo y no sabe por qué, acabó con el rojo de sus uñas, sus labios y su vestido, que dejó de ser necesario. Era la ley de la necesidad. La verosimilitud sufre. Negar la evidencia. Y vestirse de azul.
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