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martes, 2 de diciembre de 2014

El camino transolvido.

Ya no son tus brazos los que me protegen de la lluvia sino que es tu piel tersa atravesada por mil varillas metálicas. Ya no me oculto bajo las sábanas junto a ti si puedo protegerme bajo tu piel tersa impermeable. No huelo tu pelo antes de ir a dormir porque con él llené las fundas de mis almohadones y ahora duermo realmente entre las nubes de tu pelo. Y sí, es mejor así. Con tus camisetas viejas de algodón bueno limpio la encimera después de hacer el café y con las nuevas froto los cristales cuando tengo invitados y quito el polvo de mi mesilla de noche cuando alguno de ellos se va a quedar a dormir. Descubrí que la mejor forma de calentar mi casa es quemar las cartas y los libros y ya nadie se pregunta qué fue de ti si ya imaginan que he reutilizado tu herencia y lo que quedó de tu presencia cuando decidiste irte...

jueves, 11 de septiembre de 2014

Yo he visto ocurrir milagros

Yo he visto ocurrir milagros. 

He visto como la gente volvía a sus viejas casas y cómo las cartas devueltas con su destinatario desconocido garabateado detrás llegaban a los buzones. 

Vi cómo las luces se encendían de pronto e iluminaban tu cara dormida sobre mi almohada y cómo te revolvías esperando impaciente que volvieran a apagarse.

El milagro de tu mano sobre la mía en una butaca de cine.

Observé cómo llegaba el invierno y cómo tú hacías un hueco en tu bolsillo para mi mano.

Vi el milagro de tu vuelta, de tu lo siento, de tu adiós una vez más. 

Contemplé impasible cómo callabas durante horas y, negando la evidencia, me decías adiós para siempre. 

No pensé que vería nunca el milagro de los libros saliendo de mi casa y llegué incluso a ver su vuelta y ahora las torres de libros desbordan las estanterías y el buzón de tu antigua casa rebosa cartas y postales...

viernes, 22 de agosto de 2014

Crónica de la retirada.

B me pide que escriba un poco cada día nuestra historia de fracasos y que poco a poco la vaya haciendo mía, solo mía, y así toque fondo y, desde el fondo, me impulse a la superficie y pueda nadar hasta la orilla. La caja de zapatos donde guardo esas cartas que nunca te envío no es tan grande como la que guarda los restos que dejaste en esta casa: el cepillo de dientes, tu camiseta, la primera parte de El Quijote. Pero a veces la caja desborda y aflora el recuerdo de tus rizos negros sobre la almohada y la tripa clara y los besos que sabían a enfermad y un sinfín de cosas más.

Este septiembre no volverán las cosas que siempre volvían con el otoño. El frío llegará con las manos en los bolsillos y no habrá guantes que las resguarden del frío. Tristemente, las hojas de los árboles caducos caerán y las de la agenda pasarán intactas, sin escribir en ellas "20h, banco de siempre". La salida de yoga quedará en el olvido junto a Delicias y sus fiestas, y pasarán las horas bajo las sábanas sin pies, ni manos frías, ni espaldas mojadas, ni labios secos, ni hígados enfermos.

Los fantasmas sí volarán lejos y dejarán de dar miedo lejos de la Selva Negra que era tu cabello. Los edificios viejos ya no guardarán secretos en sus baños de la última planta y la ausencia de respuestas, con el otoño, dejará de causar rabia, tristeza, angustia...

lunes, 28 de julio de 2014

La mujer loca

"Llegó a las inmediaciones del centro de trabajo diez minutos antes de la hora a la que el filólogo terminaba su turno. Pero aún tendría que lavarse un poco y cambiarse de ropa, quizá se entretuviera con algún compañero... Eran cerca de las nueve de la noche cuando Julia se situó en la zona del parquin exterior del centro comercial donde Roberto solía dejar su coche, que localizó enseguida. Dispuesta a darle una sorpresa, se escondió cuatro filas de automóviles situados detrás del suyo, desde donde pudiera verlo llegar sin que él apercibiera de su presencia hasta que él saliera al paso.
Entonces, como le había ocurrido tantas veces a lo largo de la vida, la realidad se comportó de un modo diferente al esperado, pues Roberto se manifestó con una mujer que parecía su mujer y con un niño que parecía su hijo, un conjunto familiar en fin al que Julia vio avanzar desde la puerta del centro comercial empujándose y gastándose bromas y riéndose como si se llevaran bien. Y dice que, claro, se quedó completamente descolocada, allí, detrás del otro coche, a unos siete u ocho metros del de Roberto, en el que se introdujo la familia feliz partiendo enseguida en dirección al mismo sábado por la noche en el que ella se quedaba abandonada. Un sábado noche, para decirlo todo, muy frío, de cuyo cielo caían virutas de nieve que se deshacían al contacto con los automóviles y que en el pelo de Julia, que se había rizado con unas tenazas eléctricas antes de salir, se convertían en gotas de agua que brillaban brevemente antes de desaparecer. «Te voy a matar», dijo entre dientes mientras abandonaba su escondrijo sin saber muy bien si se refería a Roberto o a su mujer, pero sin descartar tampoco al niño. Más tarde, en el metro triste de las postrimetrías del sábado se preguntó, sin hallar respuesta, qué decía de sí misma la frase «te voy a matar». Que soy intransitiva, por ejemplo, respondió la frase desde algún rincón de su cabeza.
(...)
En lugar de matar a Roberto, se acostó con él.
(...)
Millás lanzó una pregunta arriesgada:
- Me dijiste que ibas a matarlo, a Roberto, por lo de que estaba casado y tenía un niño.
- Y lo iba a matar, pero resulta que luego leí una cosa sobre el sentido figurado, que es una desviación del literal. ¿Conoces esa diferencia o te la tengo que explicar, je je, como lo del supletismo?
- El sentido literal y figurado no, sé lo que son.
- ¿Y tú entendiste que lo iba a matar en sentido literal? 
- Bueno, me pareció que lo decías en ese sentido.
- Yo también, je, je, pero luego tropecé con el sentido figurado y pensé que a lo mejor lo había dicho por decir. Vete a saber.
- ¿Y si no hubieras tropezado con esa lección lo habrías matado?
- Si lo decían las palabras...
- ¿Tú haces mucho caso a las palabras?
- Qué remedio, como mi padre a la pintura, solo que la pintura habla más claro, me parece
Millás piensa que desde el punto de vista de sus intereses habría sido mejor que Julia hubiera interpretado el «te voy a matar» en sentido literal" 
 
La mujer loca, Juan José Millás


Claro que el gran error de Julia fue acostarse con Roberto. No solo una vez, cuando todavía podía dudar de sus sentimientos, cuando todavía no sabía si Roberto era filólogo o tenía filología, o simplemente era un pescadero que alardeaba de conocimientos como tantos otros. El gran error de Julia fue acostarse con Roberto una y otra vez, dar ese recodo de sí misma a ese pequeño cabrón casado y con un hijo, con una filología, con una esposa y sobre todo con esa cara tan dura que tenía Roberto, que volvió loca a Julia y que afortunadamente Julia ya casi ha olvidado, fugándose con Serafín.



 
 
 
 

domingo, 22 de junio de 2014

El elefante y la paloma.

México, 1953


Sr. mío Don Diego:

Escribo esto desde el cuarto de un hospital y en la antesala del quirófano. Intentan apresurame pero yo estoy resuelta a terminar ésta carta, no quiero dejar nada a medias y menos ahora que sé lo que planean, quieren herirme el orgullo cortándome una pata... Cuando me dijeron que habrían de amputarme la pierna no me afectó como todos creían, NO, yo ya era una mujer incompleta cuando le perdí, otra vez, por enésima vez quizás y aún así sobreviví.
No me aterra el dolor y lo sabes, es casi una condición inmanente a mi ser, aunque sí te confieso que sufrí, y sufrí mucho, la vez, todas las veces que me pusiste el cuerno...no sólo con mi hermana sino con otras tantas mujeres...¿Cómo cayeron en tus enredos? Tú piensas que me encabroné por lo de Cristina pero hoy he de confesarte que no fue por ella, fue por ti y por mi, primero por mi porque nunca he podido entender ¿qué buscabas, qué buscas, qué te dan y qué te dieron ellas que yo no te di? Por que no nos hagamos pendejos Diego, yo todo lo humanamente posible te lo di y lo sabemos, ahora bien, cómo carajos le haces para conquistar a tanta mujer si estás tan feo hijo de la chingada...
Bueno el motivo de esta carta no es para reprocharte más de lo que ya nos hemos reprochado en esta y quién sabe cuántas pinches vidas más, es sólo que van a cortarme una pierna (al fin se salió con la suya la condenada)... Te dije que yo ya me hacía incompleta de tiempo atrás, pero ¿qué puta necesidad de que la gente lo supiera? Y ahora ya ves, mi fragmentación estará a la vista de todos, de ti... Por eso antes que te vayan con el chisme te lo digo yo "personalmente", disculpa que no me pare en tu casa para decírtelo de frente pero en éstas instancias y condiciones ya no me han dejado salir de la habitación ni para ir al baño. No pretendo causarte lástima, a ti ni a nadie, tampoco quiero que te sientas culpable de nada,
te escribo para decirte que te libero de mí, vamos, te "amputo" de mi, sé feliz y no me busques jamás. No quiero volver a saber de ti ni que tú sepas de mí, si de algo quiero tener el gusto antes de morir es de no volver a ver tu horrible y bastarda cara de malnacido rondar por mi jardín.Es todo, ya puedo ir tranquila a que me mochen en paz.
Se despide quien le ama con vehemente locura, Su Frida

miércoles, 21 de mayo de 2014

No grites a Ariadna

No grites a Ariadna, no, no pidas clemencia ahora porque tú has elegido ahogarte entre esos brazos y esas piernas largas como una hiedra venenosa que se enreda alrededor de tu cuello aunque sea yo quien se queda sin aire.

No son las hojas del otoño las que ahogan tu cuello: es la planta carnívora que tú elegiste cultivar la que ahora te abraza y me aparta y me vuelve a atar en la esquina a la que me habéis, los dos, relegado una y otra vez desde hace quién sabe cuánto tiempo. Tú, eres tú otra vez, entre rizos, entre gente, en tiendas de campaña, entre sudor, entre árboles, haciendo como que no me ve si no te toco y huyendo de mis brazos cuando los alargo hacia ti. 

Nunca, nunca me cansaré de ti, ni tú de ella, de ellas, de otras. No son las hojas del otoño las que te ahogan, no, pero tampoco soy yo, no es Ariadna, es tu propia Dafne que se enreda como las ramas del laurel, como la hiedra venenosa que crece en una esquina húmeda.

No grites a Ariadna, ella solo te mira en silencio mientras tú la apartas.

lunes, 19 de mayo de 2014

Nuevos términos

Hoy he hecho una tortilla de patata con cebolla y cortándola, entre lágrimas, me he acordado de ti. Te queda el consuelo de que no siempre eres la causa: a veces puedes ser la consecuencia. Incluso a veces sabes ser la coincidencia, conectado al skype en un mes de calor o en la puerta del Posturas una noche de lluvia.

Yo no suelo echarle cebolla a la tortilla de patata: eso no ha cambiado. La prefiero así, tú lo sabes. Pero también sabes lo que pasa cuando llegan invitados se hace cualquier cosa al ponerles un plato en la mesa y una sonrisa en la cara.

Lo peor de la tortilla de patata con cebolla es que ya no puedo usar ese aceite para otra cosa y los dos sabemos lo útiles que son los segundos usos o las segundas oportunidades, llámalo como quieras.

Cuando le daba la vuelta, mis muñecas recordaban la fuerza que tú aplicabas en ellas y la echaban de menos ahora que ellas debían, a pulso, mantenerse erguidas.

Tal vez yo también deba mantenerme recta ahora y callar aquí. Pero mientras me peleaba con el nudo del delantal solo podía pensar en el ojalá que me gustaría poder decirte.

Yo te creí mucho más de medio segundo y en esa inocencia infundada dejé pasar meses y casi años. Ojalá medio segundo hubiese sido suficiente y me hubiese bastado así pero aún ahora despierto confusa muchas mañanas y miro con esperanza la pizarra de detrás de la puerta buscando letras sueltas de trazos borrados cuando solo encuentro la frase tan horrible que escribí para mentalizarme de que ya no soy esa pija  que tanta gracia te hacía.

«Se trata de romper y construir en nuevos términos»

sábado, 17 de mayo de 2014

Robe sabe arder.

Todo empezó con Los Suaves y terminó con Extremoduro.

Lo que Yosi me dio, se lo ha llevado hoy Robe cuando se ha despedido, dejando su camiseta sudada como tantos otros dejan la ropa en cualquier suelo. El concierto ha sido como la vida misma. Ha tenido un primer momento de felicidad, de euforia, de esperanza. Pero llegado el descanso todo ha decaído, ha aflorado la conciencia, la verdad, el conocimiento de lo que jamás quise saber. El descanso ha sido como una pequeña ruptura y puede que sea así, que algo bastante grande se haya roto en mí. De hecho, sí: algo se ha roto. De hecho, algo podía seguir rompiéndose y así ha sido.

La vuelta, como todas las segundas partes que nunca tendrían que haber sido, ha sido peor que cualquier comienzo, que cualquier final, que cualquier atropello, que cualquier bofetada.

De repente Robe me ha mostrado todo eso que no quería ver. Todo aquello a lo que siempre he temido. Y él me ha hecho mirarlo a los ojos.

Entonces, al mirar, sí que se ha roto todo. "No estás bastante ciega", me han dicho. "Demasiado ciega he estado", he contestado yo. Y crack crack crack iban cayendo pedazos que la gente pisaba y yo lloraba y gritaba por dentro que ya era suficiente, que por qué había vuelto.

Le he suplicado que parase y en silencio se lo he suplicado a los demás pero cabeza, manos, cuerpos estaban en otra parte que ya no era de mi jurisdicción. El mundo ha seguido girando, Robe ha seguido tocando, yo he seguido mirando y algo, ahora sí, grande y quebradizo, se ha roto dentro, me ha roto.

Robe ha desterrado a Yosi y no creo que haya nunca revancha entre los grandes. Probablemente, los daremos por retirados y quedarán en nosotros como un recuerdo de juventud.

Quizá, en otro mundo, la guerra haya sido solo en el sofá.

Ahora una araña se ha posado en mis medias y el susto ha sido bastante más pequeño que tantos otros que me he llevado hoy. De un manotazo la he lanzado al suelo  y solo me ha quedado desear que todos los manotazos fueran así de grandes para cosas tan pequeñas, que todos los manotazos rompiesen tórax y patas y dejasen un cadáver informe.

Robe ha sabido quemar.


martes, 15 de octubre de 2013

La biblioteca

«Joder, qué alta. Más que alta: infinita. Puedes juntar mis piernas en una sola y esa única pierna mía, poco funcional, sí, seguirá siendo más corta que cualquiera de las suyas. Finas, ligeras, curvilíneas, infinitas.» Piensa ella desde una esquina poco accesible de la biblioteca, rodeada de gramáticas y manuales. El objeto de su envidia se levanta de la mesa y atraviesa toda la sala casi flotando, sin apenas tocar el suelo, como si la gravedad no actuase sobre un cuerpo tan flaco. «Joder, y el pelo. Mira qué pelo.» Las puntas de su cabello golpean su espalda a cada paso que da, como si las ondas naranjas tuviesen vida propia y quisiesen romper con la monotonía de la biblioteca. «Si el mundo fuese justo, ahora esta tía se tropezaría y se dejaría los dientes en ello». Y, como por arte de magia (oscura) un pequeño traspiés que hace que más de la mitad de los espectadores contengan la respiración durante esos tres o cuatro segundos en los que parece que se va a caer y se va a partir en dos contra el suelo. Pero, en el último instante, un saltito grácil libera su tobillo de la correa de la mochila de un chico que avergonzado le pide disculpas y en un susurro le ofrece un café, proclamándose campeón mundial de la biblioteca.

martes, 26 de marzo de 2013

El reloj

El tic tac sonaba cada vez más débil, vacilante, como cuando dudas entre echar y no echar a correr al ver el tranvía al final de la calle. Decrecía, ligero, susurrante desde el segundo cajón con esas pilas tan pequeñitas, agonizante. Un tic tac amortiguado por zarrios, envoltorios de todas las clases, garabatos en papeles salvados de la lavadora, pastillas, entradas de cine, folletos de exposiciones, un marcapáginas, horquillas y algún pendiente suelto que, lejos de su pareja, se había perdido en aquel cajón.

Se retrasaba.

Latía despacio, tic...onírico, lúgubre...tac.

Se para.

viernes, 18 de enero de 2013

Se los comió la tristeza.

Eres todas y cada una de mis perforaciones enrojecidas. Eres, también, cada braguita que recojo del suelo.

El charquito de café que se forma en la encimera por las mañanas. Mi dolor de hombros cuando duermo de lado. La tinta del bolígrafo de gel negro que traspasa todas las hojas de mis apuntes. Las líneas que garabateo si me vuelvo débil. El cerrojo de un baño público.
Eres, y tienes suerte, las primeras líneas de los libros que me compro ya de noche en el Corte Inglés. No serás también las últimas, espero.


Cada vez que nos pasa creo que es la primera y juro que será la última. No lo creía. Me has convertido en una experta en negar la evidencia.


Por cierto, se dice, se comenta, que ya no quedan bombones.
Se los comió la tristeza.

jueves, 3 de enero de 2013

fiebre

¿Tengo fiebre? 
¿Esto es lo que se siente cuando tienes fiebre? Ya no me acuerdo. Me arde la cara, mucho, y los ojos, como cuando mamá picaba cebolla. ¿Es fiebre? Nunca he entendido muy bien estas cosas. Tengo calor. No sé. ¿Es la calefacción? Fuera hace frío, me gustaría pegar la cara contra el cristal y que se enfriase. Tengo sueño, pero estoy nerviosa. ¿Qué va a pasar? No me gusta la incertidumbre ni el silencio ni nada. Creo que alguien me ha cambiado el sitio, yo antes no estaba aquí. Antes era al revés, yo estaba arriba y yo movía los hilos y probablemente era yo quien sonreía cuando solo quería decir oh, venga, cállate ya, ¿es que no te das cuenta?. Ahora creo que soy yo la que no se da cuenta. ¿Cuenta de qué? No es mi momento. No entiendo, no, no entiendo. Ahora tengo frío. Será fiebre ¿no? No sé. Me voy a la cama. Mañana... Ya mañana veré. 

martes, 25 de diciembre de 2012

Ahora que está tan lejos el olvido...


ni recorto el crucigrama,
ni me mato si te vas.


Ahora que todo ha acabado, puedo decir que tal vez hubiésemos sido mejores por carta.

Ahora, que ya no tenemos de qué hablar, debería contarte que tal vez no supe esperar(te) sin bailar quieta en mi sitio, de nervios o alegría. Ahora que abandono el juego, espero que entiendas que una retirada a tiempo es una victoria, y un abandono la mayor representación de un adiós. Espero, por fin, que por las noches cierres el balcón y no vuelvas a buscarme cuando las puntas de tus zapatos miren hacia mi casa.
Ahora, prometo no ponerme en tu camino, no cruzar la calle, ni volver la vista atrás. 

Prometo, de verdad, ser(te) eternamente ajena.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

De lo que nunca debió ser escrito.


Viernes 14.

Qué guapa estoy cuando te entra el miedo a quedarte solo y cuando quieres alguien que te caliente la cama.

Si no hubiese sido tuya, idealizarías cada uno de nuestros momentos juntos y pensarías en mí como quien piensa en la puta de lujo que le acompaña en sus mejores sueños. Si yo no hubiera sido fácil, tú seguirías arrastrándote hacia mí, pensando en quién podría hacerte el amor como hace tiempo que no ves.

Y no te duele. 
Aunque sabes que es tu momento y tu inutilidad hará que pase. Sabes de lo que hablo cuando giro la esquina cada dos fines de semana y paso de largo sin mirar ahí donde me senté la primera vez que hablamos por teléfono y me preguntaste qué tal, y donde planeamos un futuro que ya no quiero, donde me dijiste que vendrías y nunca más te vi. 

Porque un día una aprende que los besos no son contratos y que lo verbal e implícito no tiene cabida en ti. Que ya no es por ti.

martes, 4 de diciembre de 2012

Desintonxicación II.

Día 34, lunes.

Tuve un amago de recaída. Apareciste. ¿Y cómo decirte que no? Volví a pensar en ese niño muy muy muy muy muy pequeñito, al que su padre llevaba en el bolsillo de la camisa, asomando solo los ojos y el pelo. Volví a pensar en noches y sábanas y cosas escritas en las manos y en primeras páginas y en ojos de gata y en inviernos y primeras veces y primeros abrazos, y primeros adioses también. Después de la primavera llegó el invierno y creo que en mi casa nunca se fue, ya volverá a ser de día, no sé.
Tuve un amago de recaída, sí. Quedó en el susto.

Día 35, martes.
No lo entendiste.
Creo que se va a hacer de día en mi cama.
 
 
Creo que esto a mí ya me ha pasado...
http://lamitaddeunsegundo.blogspot.com.es/2012/07/sentirlo-mucho-o-de-como-no-sentirlo.html

 

lunes, 26 de noviembre de 2012

Desintoxicación bis

Mi último amor duró una noche.
¡Fuimos tan felices!
¡Nos quisimos tanto!

Día  1 bis,  sábado
No dormiré con pendientes. No negaré la evidencia. No preguntaré. No elegiré el lado de dentro de la cama. No elegiré ninguno. No seré una buena invitada. No me desabrochará(s) el vestido. No serás indiferente. No me quedaré a dormir.

Si me lo pides me quedo contigo toda la vida...
(ni siquiera intercambiamos teléfonos)




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Tengo la casa llena de hombres, Vicky de Sus

domingo, 25 de noviembre de 2012

Desintoxicación.

Día 1, viernes.

Y yo a quién le voy a llorar ahora y a quién le voy a suplicar que me cuente cositas y con quién me reiré de cosas absurdas que les pasan a los demás y a quién le susurraré que me haga el amor y quién me necesitará para dormir y quién querrá irse pronto y quién se quejará del frío y quién me echará la bronca por haberlo dejado y de quién dudaré y a quién intentaré contentar y a quién (no) traicionaré y por quién pensaré las cosas dos veces y a quién morderé la oreja y estiraré del pelo y pediré más y miraré beber café y a quién obviaré esperando y a quién buscaré y evitaré y a quién...