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martes, 1 de mayo de 2012

A veces.

No me gusta la gente con sombrero, ni el zócalo que une mi suelo y las paredes, ni el seguro de los mecheros Bic que siempre hacen que me queme. Pero si me gusta el vaho que huele a ti e inunda el baño cuando te duchas, las galletas que llevan meses guardadas en mi despensa y el vestido de color negro que llevaba mi abuela en la foto que tenía en la cómoda de la casa del pueblo. Me gusta tanto como me huelen las manos después de comerme una mandarina que me las como solo por eso. Podría pasarme la vida entera observando a un perro pequeño jugar con su dueño pero jamás permitiría que se me acercasen ni sentiría el deseo de acariciarlo. Jamás me perdonaría llegar a la vida de alguien en el momento que le corresponde a otra persona y odio cada instante que no me pertenece y que siento haber robado. Adoro los rizos que no tengo y envidio a la gente que sabe pintar porque me parece la expresión máxima de la belleza y me gusta el olor de las pinturas que utilizan. Guardo los libros apilados sin ningún orden ni concierto y soy de las que disfrutan estando quietas en ídem. Me abruman los silencios y dejan volar mi imaginación mejor que ninguna hoja en blanco. Siempre conservo los tickets de compra pero acabo tirando las entradas de cine que llevo en la cartera y eso me hace temer por mi supuesto romanticismo. Un viejo pantalón me hace desear con furia y con dulzura la experiencia que no tengo y enseguida me enamoro de quien no hace ni caso. Encuentro un absurdo atractivo en las mujeres que andan con los tacones en la mano y aun así parecen altivas y seguras. Prefiero no ver el final de las películas y dejar que las historias mueran por si mismas, condenadas al limbo de lo inacabado. Prometo dejar que leas por encima de mi hombro cada línea que lea mientras esté apoyada en tu hombro o en tu pecho y tendré mucho, mucho cuidado de no pesarte jamás. 
Pero a veces (-¿solo a veces...?) completaré sin poder evitarlo alguna frase que suene a verso y dejes sin acabar (-...gran amor) y estoy segura de que no sentiré ningún remordimiento por ello.

julia

miércoles, 28 de marzo de 2012

Me ha hecho poeta la vida. Miguel Hernández.

Querida Setefilla:
Su dolorida carta llegó horas después de la noticia trágica de que nuestro amigo el poeta había muerto en la cárcel de Alicante el pasado día 28. Miguel fue un relámpago en mi vida, y como tal, fugazmente, se desvanece. Pero su amistad, que nunca se irá, me trajo la experiencia de un cariño hermoso, verdadero (...).
El abrecartas, Vicente Molina Foix, p. 54



Estoy sentada en la cama, con la espalda apoyada en un almohadón. A mi izquierda, sobre un mueble de cajones y al alcance de mi mano, una infusión. Nada de café a partir de las 7. A mi alrededor, libros. El abrecartas, de Molina Foix; El rayo que no cesa, de Miguel Hernández, y dos antologías de éste mismo. Una edición conmemorativa de Austral, de tapas duras en tonos azules y otra titulada Me ha hecho poeta la vida, edición infantil. Quince poemas de Miguel Hernández sobre la vida, la muerte, el dolor y el amor. Quince poemas para el siglo XXI, cien años después de la muerte del poeta. Contiene un CD con los quince poemas leídos, que escucho mientras escribo esto y, algunos, los recito a la vez, en voz bajita. En mi pared, una postal con un fragmento de Aceituneros.

Pero hoy no hace cien años del nacimiento del poeta, sino 70 años de su muerte. Miguel Hernández nació en Orihuela, su pueblo y el mio Alicante, el 30 de octubre de 1910. En 1925 deja la escuela y comienza a cuidar las cabras de la familia. En estos años entablará una profunda amistad con Ramón Sijé con quien tanto quería. A los 21 años viaja a Madrid para comenzar una carrera literaria que no tendrá éxito y regresará a Orihuela, para volver a intentarlo en 1934, volviendo a Madrid y trabajando como secretario para José María Cossio. En 1935 muere Ramón Sijé y le dedica la Elegía. Al estallar la Guerra Civil se alista en el bando republicano. En marzo de 1937 vuelve a Orihuela durante unos días para casarse con Josefina Manresa, con quien tendrá un hijo que morirá a los 10 meses de nacer. Al terminar la guerra parte con intención de pasar la frontera de Portugal por Huelva, pero es interceptado y enviado a la cárcel de Sevilla y más adelante a la de Madrid, de donde saldrá gracias a Pablo Neruda. Regresará a Orihuela pero será delatado y encarcelado de nuevo. Conmutarán su pena de muerte por 30 años de cárcel, pero morirá en la enfermería del Reformatorio de Adultos de Alicante, el 28 de marzo de 1942. Hace ahora 70 años.

"Fue un joven que nunca envejecerá, porque murió en plena juventud y todas las fotos que guardamos de él nos ofrecen esa imagen del hombre entusiasta y sonriente, lleno de vitalidad. Vivió como tragándose la vida, a toda prisa, entregándose en todo lo que hacía, generosamente.", dice Jorge Urrutia en el prólogo de la edición de El rayo que no cesa, de Alianza Editorial. 

Y yo creo que no tengo mucho más que decir. Que me encanta y me revoluciona, que si tengo que elegir, y no quiero, es mi poeta favorito. Que os lo recomiendo, ya, ahora. Aquí podéis encontrar de todo sobre él y su obra completa. Y si queréis ir más allá, tener otra visión y, sobre todo, si os queréis meter en la piel de muchos otros poetas y escritores de principios del siglo XX y de más personajes reales y ficticios, os recomiendo El abrecartas, de Vicente Molina Foix.

 
Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.
Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.
Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.
No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!
Miguel Hernández , El rayo que no cesa

ELEGIA A RAMÓN SIJÉ
 

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha
muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien
tanto quería.)
 

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
 

Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
 

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
 

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
 

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
 

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
 

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
 

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
 

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta
 

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.
 

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte
 

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de mis flores
pajareará tu alma colmenera
 

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
 

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
 

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
 

A las aladas almas de las rosas...
de almendro de nata te requiero,:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
(10 de enero de 1936) 
Miguel Hernández


Disfrutadlo. Al menos tanto como yo.
julia

sábado, 17 de marzo de 2012

Corazón coraza.

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza
porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro
porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero

porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre

y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.

Corazón coraza, Mario Benedetti

Aunque esta herida duela como dos y duela más que un piercing del ombligo infectado, que un tatuaje en la parte superior del pecho, que un parto múltiple sin epidural, que una sonrisa perfecta que se parte en dos por un golpe de suerte. Que un adiós. 


julia